El viento caliente secaba las hojas de los arbolitos. No pasarás de este invierno, sabes bien. Ni máiz, dije armándome de un caparazón para que no se notara el mugroso nudo en la garganta. Al cabo qué. Sí, da igual. Pásame los caracoles, ¿ya los lavaste? No, pero aún no has echado el ajo. Es cierto. Afuera había mucho silencio. Creo que eres una tonta. Yo no he dicho lo que eres aún, pero sin duda eres menos que tu padre y que tu abuelo, y ambos están hechos sendos fiambres.
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lunes, 25 de abril de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Me gustaría ser... caracol
Te adoptan y te ponen una pareja. Una fuente pequeñita para que tomes agua fresca. Te dan lechuga. Mucha. A una mamá se le ocurre que los caracoles adoran la harina y ya está, tienes tu cascada de harina. Amanece y limpian la pecera gigante. Ahora alguien trajo tomate. Ya estabas babeando desde antes. Todos te admiran. Te tocan con cuidadito. Y piensas que has tenido suerte. Mientras tanto, en algún otro lugar, tus congéneres mueren aplastados por curiosas señoritas con prisa. Clac.
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