Te adoptan y te ponen una pareja. Una fuente pequeñita para que tomes agua fresca. Te dan lechuga. Mucha. A una mamá se le ocurre que los caracoles adoran la harina y ya está, tienes tu cascada de harina. Amanece y limpian la pecera gigante. Ahora alguien trajo tomate. Ya estabas babeando desde antes. Todos te admiran. Te tocan con cuidadito. Y piensas que has tenido suerte. Mientras tanto, en algún otro lugar, tus congéneres mueren aplastados por curiosas señoritas con prisa. Clac.
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viernes, 18 de marzo de 2011
Me gustaría ser... caracol
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