Y abrazando y besando. Y me hacías moverme como lombriz. Yo serpenteaba mi lengüita en tu boca. Cuando de pronto escuchamos algo: Oigan, oigan, no pueden hacer eso aquí, están atentando al pudor en la vía pública. Van a tener qué acompañarnos. Dijimos: Perdónenos, señores, no sabíamos lo que hacíamos. Lo siento, muchachos, a ver, usted, jovencita sígame, ¿quiere que la lleve a los separos? ¿Que sus papás vayan por usted ahí donde están las prostitutas? ¿no tiene un celular, una medallita, unos aretitos? ¿algo de dinero?
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miércoles, 27 de abril de 2011
sábado, 2 de abril de 2011
No voy a inventar algo
Lo único que se me ocurrió decir: ¿Tú eres Óscar el guapo? Últimamente he tenido muchas carcajadas. Espero no haber sido tan estúpida. No haber dicho barbaridades de lengua pastosa y pensamientos removidos desde el inconsciente por una pala etílica. Lo bueno es que me gusta dar vueltas, me siento libre y me siento estrella y me siento niña y trompo. Estar así es simple y divertido. Es un JA, espontáneo y así, con mayúsculas. Es un JA seguido y clonado hasta el infinito. Me gusta como huele. Aunque sea mi memoria un queso con hoyos.
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domingo, 13 de marzo de 2011
Mi ambición por una habitación con ventanas
Aunque estuve, casi desde que nací, en una habitación con una ventana de regulares dimensiones, no me sirvió de mucho porque daba a un patio de dos y medio por dos sin césped. En la primera casa a la que llegué en Monterrey, había una hermosa ventana desde la que podía ver la silueta del Cerro de la Silla. Le pusieron barras porque la niña se salía y me quedé tras las rejas. Ahora que me mudé a donde estoy, toda la mitad de la pared del fondo es ventana y hay una extra en la pared de la izquierda. Corrí las persianas por siempre. Hasta hoy me di cuenta de que los vecinos pueden verme. ¿Cuántas veces no no-me-cambié ahí?
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